En la antigüedad la idea de camino sería bastante vaga si pretendemos establecer esta como una vía única donde moverse. El camino es como una senda en la cual cada uno va haciendo su trazado y a base de múltiples repeticiones va dejando marcadas nuestras huellas en ella.
Hablamos de la Vía Heraklea, el Camino de Aníbal, la Vía Augusta... Un camino que hemos trazado siguiendo las huellas de Hércules, de Aníbal, de Escipión.
Si tenemos en cuenta esto y el marco geográfico: con la existencia del sinus ilicitanus -un golfo situado al sur de Elche en época ibero-romana, abierto al mar donde hoy se encuentran las ciudades de Santa Pola y norte de Guardamar del Segura-, con un Mar Menor cuando menos distinto del actual, un campo dominado por el esparto, una sierra preñada de mineral y una metrópoli con una topografía singular.
Y lejos de un estudio mas serio sobre la red viaria de la época. La nuestra, bien podría acercarse a la ruta ibérica utilizada tanto por Escipión en su marcha relámpago, como la que realizó Aníbal en sentido inverso para conquistar Roma.
Este camino recorrería el litoral utilizando las atalayas que vigilaban el tráfico comercial y los cursos naturales de penetración en el territorio.
La Ruta de los Centinelas que se ilustra a continuación, une una serie de torres vigía que como hitos de nuestra geografía permanecen como testigos mudos de una historia agitada propia de una tierra siempre fronteriza.
Desde Torrevieja, que mejor punto de partida que un promontorio entre dos lagunas que como ojos abiertos de par en par vigilan sin descanso el inmenso azul del cielo y su reflejo en el ancho mar.
Desde aquí partirán los centinelas y cubrirán la distancia que les separa de Cartagena, encendiendo a modo de vestigio de lo que un día fueron, las torres de Cabo Roig, de la Horadada, Derribada, del Rame, del Negro, ascenderán por la Rambla del Miedo hasta las Minas de la Unión dominadas por el imponente y casi legendario Cabezo Rajao, para finalmente alcanzar los sillares de la antigua Muralla Púnica de Cartagena.
Recorriendo un variado y bello paisaje de arenales, acantilados, palmerales, canteras, cauces secos sometidos desde siempre al capricho de la lluvia, paseos por la ribera del mar, carrizales, saladares y minas de mil colores hasta desembocar en “el promedio de la costa donde yace Cartagena, opuesta al viento de Africa, en un golfo que introduciéndose tierra adentro por espacio de 20 estadios y con solo 10 de anchura en su bocana, tiene todo él la forma de un puerto”, como describiera Polibio, hemos encontrado:
“La Ruta de los Centinelas”





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